La película de tu vida

Esta noche, muchos nos acomodamos en la butaca más cómoda -pop corn, quesos y vinito en mano- para ver los famosos Premios Oscar.

Hoy somos los más expertos, hacemos nuestras predicciones y las compartimos en las redes sociales.  Cuál será la mejor historia o guión, las mejores actuaciones y, por supuesto, el gran galardón a la película del año.

Pues de pronto me he puesto creativa, pensando en qué méritos, si alguno, le darían a la película de mi vida.  O mejor aún, cómo la catalogo yo, su protagonista.

Suena a ego, pero no lo es.  Te explico.

Pienso que con la misma atención que pasamos juicio sobre esas historias de la ficción, deberíamos hacerlos con las nuestras.

Quisiera constatar si he sido la autora de mi historia o si he permitido que otros la escriban por mí.

Quiero repasar cada uno de los personajes, desde los principales y los secundarios, hasta esos que, en teoría son solo extras.  Quiero asegurarme de haber premiado con mi agradecimiento a esos que le han dado un giro especial a mi historia.

Quiero recordar cada música que me ha hecho bailar reír, llorar o reflexionar.

Quiero reconocer que he creído dirigir esta pieza, pero que detrás está el Director Supremo, que acomoda todo en su sitio para que mi película esté llena de grandes emociones y sea especial.

Y sobre todo quiero pensar en un gran final.  Uno que no tiene que ver con la muerte, sino con la huella que pueda dejar.

Entonces, que aflore la magia del cine y que tu historia, aun cuando no sea la Mejor Película, sea la mejor que has podido vivir.

El día que vencí el miedo

11156135_10155546963475232_2837211513431096206_nA veces me pregunto cuántas cosas nos perdemos de vivir por el miedo.  Desde pequeños nos enseñan a sentirlo.  Miedo al cuco, miedo a la oscuridad y hasta miedo al señor de la esquina.  Recuerdo que de niña dormía con la cabeza cubierta, aunque hiciera calor, para negar el acceso a mi cuello a los vampiros. Hoy me río, pero qué mucho sufría.

Entonces concluyo que es totalmente comprensible que el miedo se convierta en parte de nuestras vidas y en el principal obstáculo para cumplir nuestros sueños y metas. Desde las cosas triviales como no atreverte a ponerte un bikini para que no juzguen tu cuerpo,  hasta volver a estudiar o a enamorarte a una edad madura.

De acuerdo a la Real Academia Española el miedo se define como la angustia por un riesgo o daño real o imaginario.  Apuesto a que la mayoría de los miedos son provocados por lo segundo: daños imaginarios.

La vida es muy corta para no hacer las cosas que queremos por miedos infundados.

Yo, por ejemplo, desde niña me inhibía de practicar deportes porque entendía que era “mala” para ellos.  Mentira. Me daba pánico hacerlo mal o no llenar las expectativas de otros.  Así que llevé ese miedo a la vida adulta y nunca me atrevía a hacer actividades como jugar tenis o paleta de playa, mucho menos realizar un deporte extremo.  Hasta que llegó el día que vencí el miedo.

Hace cuatro años realizaba un viaje junto a mi pareja, con quien hacía poco iniciaba la relación.  Era un viaje de su trabajo a Costa Rica, en el que sus jefes y compañeros estaban con sus respectivas parejas.

Cuando vi el itinerario, quise morirme.  Había una actividad de zip lining y otra de raftingOMG!!!!

Estaba resignada a la idea de quedarme esperando al grupo.  De seguro habría alguna otra persona en mi misma situación. Hasta que llegué al primer lugar.

Mientras un joven daba las instrucciones sobre cómo hacer el zip lining mi espíritu trataba de negociar con mi mente.  ¿A qué le temes?  ¿A la muerte?  ¿Acaso no es lo único seguro que tienes? ¿Qué si estás perdiéndote la experiencia de tu vida? ¿No sería maravilloso poder contarlo? ¿No será espectacular compartir esto con tu nueva pareja?

Y así, saqué valor de donde hasta entonces no había y fui la segunda en lanzarme.  El trayecto pareció eterno y sentía cosquillas en mi estómago.  Pero tomé la decisión correcta y abrí los ojos.  Quedé sin aliento.  Nunca había visto algo tan hermoso y ni hablar de la sensación de libertad.  La segunda bajada fue más fácil y así cada una de las más de 10 que había que completar para poner los pies finalmente en tierra.

Nunca me había sentido igual, a excepción del siguiente día, cuando sin saber nadar mucho, me subí a la balsa e hice rafting en las embravecidas aguas del Río Pacuare.  Fue la experiencia de mi vida y definitivamente algún día lo quiero volver a hacer.

Otra Idia llego de regreso de ese viaje. Una YO que entendíó que muchos de los miedos están solo en nuestra mente y que es ahí donde los debemos liberar.

Ya no quise tener miedo a los daños imaginarios, al que dirán, a no llenar las expectativas de otros, a diferir de los demás, a equivocarme, a fracasar.

Ahora nada me das más satisfacción que hacer lo que mi espíritu pida a gritos.  Pero eso lo entendí, el día en que vencí el miedo.

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Es momento de hacer que las cosas pasen

Llevas años con esa idea entre ceja y ceja.  Un negocio, volver a estudiar, un proyecto comunitario, un viaje, trabajar por tu cuenta, bajar de peso…

Cada vez que se acerca el fin del año, te propones que el próximo será el tuyo, y doce meses después te encuentras haciendo la misma resolución.

No voy a decirte que el 2017 será el definitivo para ese gran plan de vida, porque ese momento es hoy y ahora.

Es el momento de hacer que las cosas pasen.  Tus anhelos no se materializan solos, no llegan por correo, ni tocan a tu puerta.  Solo tú puedes hacer realidad tus metas.

Yo, por ejemplo, llevaba varios años con la idea de iniciar este blog.  Y así pasaban los días y los meses, esperando el momento perfecto para hacerlo.  Hasta que un día me di cuenta de que el día perfecto no existe. Debes empezar ahora o de lo contrario, pasarán 5, 10 o 20 años y terminarás lamentando lo que nunca hiciste.

Decídelo, si no estás resuelta, no hay forma de que tengas éxito.

Establece objetivos reales.  Muchos de los planes fracasan porque son demasiado ambiciosos.  No digo que sea malo soñar en grande.  Lo que afirmo es que hay dar pequeños pasos primero.  Por ejemplo, quizás sueñas con establecer un restaurante en las principales ciudades del mundo, pero concéntrate en abrir tu primer local y hacerlo exitoso.  Un paso a la vez, te hará andar firme y segura.

Escribe tu plan.  No lo dejes solo en tu cabeza.  Verlo en blanco y negro puede ayudarte a desarrollar tu estrategia.

Calendariza.  Tienes que establecer las fechas límite para cada fase.  Si no lo haces, corres el riesgo de que avancen los meses sin ningún resultado.

Dedícale tiempo.  Esto va atado a la idea de identificar “el momento perfecto”.  Acéptalo, no existe.  Siempre habrá situaciones, compromisos, tareas… y entre ellas tu proyecto de vida tiene que encontrar su espacio.  Si tu jefe o tu cliente te pide que tengas listo un informe en 30 días, ¿le vas a decir que tienes que llevar a tu hijo a la práctica de soccer, que tu madre está enferma o que terminas todos los días mega cansada?  Entonces imagina que tu proyecto te es exigido por tu jefe o cliente y cumple.

Proyéctate en otras historias.  Lee libros o busca en internet ejemplos de otras mujeres que lo han logrado.  Inspírate en sus aciertos y aprende de sus fracasos.

Establece métricas.  Éstas te ayudarán a saber si estás avanzando en la dirección correcta y, de no ser el caso, reajustar tu estrategia.

Rodéate de las personas adecuadas.  No necesitas personas que te digan que es difícil y que no podrás lograrlos.  Prefiere conversar sobre el tema con aquellos que creen en ti y se hacen disponibles para ayudarte.

Cree, cree, cree en ti.  Si tú no lo haces, entonces quién.  Recuerda aquellos episodios de tu vida que parecía difíciles y en los que venciste. Estudiar, ser madre o resolver no serlo, conseguir trabajo o comprar una casa.

La vida está llena de retos y de enfrentarlos con arrojo es de lo que el éxito se trata. Vamos, es hora.

El “sexo débil” que siempre fue fuerte

Hoy en los medios y en las redes sociales es noticia el nombramiento de dos mujeres para liderar la Policía de Puerto Rico y el Departamento de Justicia.  Independientemente de ideologías o preferencias políticas, yo soy una de las que se ha unido al coro de voces que están de fiesta.

Pero, qué pena que tengamos que celebrarlo.  Me refiero al hecho de que lo que se festeja no es necesariamente el mérito de los nombramientos, sino la excepción a la norma. Dos mujeres capitaneando en campos que siempre eran vedados para nosotras y reservado para los hombres.

Y como en muchos ámbitos, queda mucho por hacer, pues los ejemplos saltan ala vita.  Países que nunca han tenido una mujer presidenta, hombres que dirigen equipos deportivos de mujeres, pero ausencia de mujeres dirigiendo equipos de hombre y culturas en las que la mujer es considerada un objeto o una pertenencia, son solo ejemplos.

El sexo débil.  Así nos han llamado por generaciones.

La culpa es de todos.  Hombre y mujeres que hemos fallado en la crianza, de los estereotipos que fomentan los medios de comunicación, de la falta de valentía de muchas que no exigen respeto y de las leyes que no garantizan igualdad.

Justamente hace dos días compartía con mis estudiantes en la UPR un vídeo de una campaña exitosa campaña de la marca Always. Hoy creo que es una valiosa herramienta para ejemplificar de lo que hablo y aquí lo comparto.

Claro que tenemos que probarnos, pero no por el hecho de ser mujeres. Al igual que los hombres, probemos nuestras capacidades profesionales y nuestra calidad humana. Demostremos que siempre fuimos un sexo fuerte.

 

 

El verdadero poder

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Mientras leía un artículo en línea de la revista Forbes México, titulado Las 100 Mujeres más Poderosas del Mundo, trataba de encontrar el vínculo entre todas ellas.  Encabezada por la canciller alemana Ángela Merker y seguida por la ex candidata presidencial Hillary Clinton, la lista incluía empresarias, dignatarias gubernamentales y altas ejecutivas.  Según el artículo, la selección se basó en dinero, ventas, presencia en los medios, influencia y éxito en realizar cambios

Sin dudas, todos ellas son admirables, no por los recursos ni las posiciones que ocupan, sino porque se han abierto camino -algunas en campos dominados por hombres- han elevado su voz, y han propuesto soluciones.

Sin embargo, la lista se queda corta o más bien no coincidió con mi definición de lo que es una mujer poderosa.

Me hubiera gustado ver en la lista a la joven Malala Yousafsai, quien ganó el Premio Nobel de la Paz en el 2014 -con tan solo 17 años- por su activismo en pro de los derechos humanos y en especial de las mujeres. También esperaba ver a Ingrid Newkirk, presidenta de la organización dedicada a la protección de animales más grande del mundo.

Pero ¿por qué ir tan lejos?  En Puerto Rico, cerca de mí, en mi círculo de amigas y conocidas hay mujeres de gran valía.  De esas que de verdad son poderosas.  Como Yadira Pizarro, Directora Ejecutiva de ESCAPE, que se ha dedicado a la protección de los niños mediante la prevención del maltrato infantil; Annie Rivera Moreno y Miriam Solainne, eternas defensoras de los animales; Lilly García y la Dra. Mercedes Rodríguez, quienes con sus palabras sabias lograr motivar y empoderar a la gente; mi hermana Brenda Martínez, líder de las personas de pequeña estatura, que ha llevado una campaña continua en pro del trato igual y la eliminación de las barreras arquitectónicas; Lourdes Burgos, VP de Comunicaciones del Concilio Boy Scouts de Puerto Rico, que con su trabajo ayuda a formar niños y jóvenes de bien para nuestro país; Vivian Arthur, VP de MMM, quien con su labor está llevando a otro nivel la responsabilidad social de las empresas; Zoraida Nelly Torres, Abigail Marrero, Virgen Rodríguez, y Juliette Rojas, ángeles que calladamente velan por atender las necesidades de sus hermanos y Keyla Hernández, quien se ha convertido en ejemplo de la mujer que lucha con temple ante la adversidad.

En fin, que la lista es larga y mis palabras se quedan cortas. Todas ustedes debieron aparecer en la lista de Forbes.  De igual forma, tantas y tantas mujeres fajonas y luchadoras.

Con nuestra fuerza y capacidad, cada una de nosotras es una mujer poderosa. Nunca lo pongas en duda.

“No esperes que llegue un líder; hazlo tú misma, persona a persona.  Sé fiel a las cosas pequeñas, pues en ellas reside tu fuerza”, Madre Teresa.

Amor de lejos…

long-distance-loveUna de nuestras amigas de Revuelo me invitó a que escribiera sobre el tema amor de lejos…  Por favor, nadie complete la frase, pues son muchos los factores a considerar antes de concluir que es o no posible mantener una relación a distancia.

La situación del País ha provocado el éxodo de muchas familias, que se van unidas para buscar un mejor futuro.  Pero esos, no son los únicos casos.  Cada vez con más frecuencia escucho que una pareja decidió mudarse temporeramente a Estados Unidos u otro país para buscar trabajo, mientras el otro se queda en la Isla a cargo de sus hijos.

Esa puede ser una opción para muchas parejas y el final de la relación para otras.

Conozco una mujer madura que tiene su pareja desde hace 20 años.  No han querido casarse, ni vivir juntos.  Sencillamente son eternamente novios y eso les funciona.  Claro, no puede compararse con un traslado al exterior pues, en el peor de casos, si ambos viven en puerto Rico, no les toma ni dos horas encontrase para estar juntos. Pero que tu pareja se mude a otro país, son otros veinte pesos.

Creo que el factor más sensitivo es la fidelidad y la confianza.  No saber qué lugares o personas frecuenta, cuál es su nuevo estilo de vida y cómo maneja el sentimiento de soledad, puede ser una tortura para cualquiera. 

Por otra parte, si manejas la situación con madurez, la distancia puede presentar muchas ventajas.  Por ejemplo:  tienen tiempo para cada uno, se van a extrañar y probablemente a valorar más y los reencuentros pueden ser bien emocionantes, devolviendo la chipa a la relación.

No creo que haya una respuesta única.  Lo que le funciona a una pareja, no necesariamente le funciona a otra.

A esa amiga de Revuelo que quiso saber mi opinión, le doy mi apreciación.

Si ustedes son una familia con hijos y no hay otra opción que no sea que tu esposo se traslade, por supuesto que deben intentar que funcione. El núcleo familiar no se tira por la borda sin contemplación porque surja una prueba difícil.  Vale la pena intentarlo.

No obstante, establezcan las reglas del juego, como, por ejemplo: por cuánto tiempo será, cada cuánto tiempo van a viajar para verse, cómo será su comunicación diaria, la importancia de que ambos ayuden al sustento del hogar en el que permanecen los hijos, las expectativas de mantener el respeto y la fidelidad.

Pero solamente tú sabes lo que grita tu instinto y tu corazón.

Si deciden hacerlo, mantengan una comunicación bien sincera.  Si en algún momento deja de funcionar para alguno de los dos, no dejen que la situación se salga de control.  Hablen a tiempo, reevalúen y decidan.

Le formulé la misma pregunta a un grupo de amigas y comparto el video con ustedes:

Ellas opinan sobre el amor de lejos.

Un voto contra el machismo

xHoy acudí a mi centro de votación.  Algo que he hecho sin fallar en todos los comicios desde hace 30 años, pues creo que uno nunca cede sus derechos y porque este es uno de los pocos que también es un deber.  Pero no voy a hablarles sobre política, sino sobre machismo.  Bueno…no sé cuál de los dos es peor.  Pero aquí voy….

Después de caminar varios minutos hacia la escuela, encuentro un poco de tumulto, pues uno de los candidatos a la gobernación llegaba a votar.  En el pasillo habíamos un grupo de mujeres tratando de abrirnos paso para llegar hasta la puerta de nuestro colegio.  Este “caballero” de unos 65 años y con deseos de llamar la atención y hacerse el gracioso, dice en voz alta “déjenlas pasar, que ahí van las indecisas”.  Los que me conocen saben de mi carácter: suave en respuesta al respeto, pero temible cuando me siento atacada o se me trata de colocar en una posición indigna.

Lo escucho, freno, volteo y le digo: “mi única indecisión es cuál de las cosas que estoy pensando de usted es la correcta”.  ¡Boom!

Ya sé, muchos pensarán que lo debí haber ignorado, que esas cosas no se contestan.  Lo que pasa es que uno de esos males que despierta mi lado “temible” es el machismo y ya estoy bastante crecidita para tolerarlo.

Su argumento no era lo peor.  No dudo que haya muchas personas -hombres y mujeres- que lleguen hasta la caseta de votación sin estar decididos por quién van a votar.  Lo que más me molestó fue su tono de superioridad y burla, que transmitía su opinión sobre las mujeres, incluyendo la que tenía a su lado y parecía ser su esposa.

El machismo es una plaga, que todos y todas tenemos el deber de aniquilar.  Jefes o clientes que dan órdenes a las mujeres como si fueran sus sirvientas, familiares que señalan a la mujer (no al hombre) porque decide hacer un balance entre su faceta profesional y la de madre, reuniones de amigos en las que las mujeres tienen que hacer malabares para que su opinión se escuche, pues las voces masculinas parecerían confabular para acallarlas, esposos que se sienten dueños de sus parejas al punto de decidir si estas deben o no seguir viviendo, explotación del cuerpo y la sensualidad de la mujer en los medios y hasta trato desigual en la compensación económica para las mujeres.  Los ejemplos son infinitos.

Y no me vengan con el cuento de que así los criaron las propias mujeres.  Cierto que muchas, son nuestras peores enemigas, pero el trato justo y digno al ser humano -independientemente de su género- es una responsabilidad individual.

Pero si por miedo, sentido de inferioridad, o ignorancia la mujer lo tolera, eso sí es un problema. Y esto lo digo sin temor de que me tilden de feminista, porque en efecto lo soy.  Hasta la desvirtualización de esa palabra hemos permitido.

Ya basta. No nos fijemos tanto en la forma, sino en la esencia. Tenemos que darnos a respetar y respetar por igual a los demás.

!Ya llega Navidad! Ponte a remar.

Ya se acerca la época navideña y con ella, la preocupación por las libras que suelo aumentar. Es que, ¿quién le dice que no al coquito, el pernil y los pasteles?

Así que estoy decidida.  A partir de mañana retomo mi rutina de ejercicios -que había abandonado gracias a un excelente repertorio de excusas- y me comprometo a continuarla durante las navidades.  De esa forma, si bien no bajo, tampoco aumento. 

Pero como tengo poco tiempo, pienso hacer los ejercicios en casa con una máquina maravillosa que descubrí hace unos meses.

Tan pronto entré al gimnasio, la vi y me entusiasmó la idea de que mi entrenadora la incluyera como parte de la rutina del día.  Y así fue.  Al poco rato estaba sentada sobre la máquina de remo.

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Mientras aprendía cómo usarla, lo que de hecho es bien fácil, la entrenadora me explicaba los múltiples beneficios de usar esta máquina. Según me contó, no solo te ayuda a tonificar la espalda y brazos, si no muchas otras áreas del cuerpo.

Tan pronto terminé entré a Google, busqué más información y vi algunos videos.  La conclusión fue: “!!!Yo quiero una!!!”

Tuve la suerte de conseguir una de estas máquinas a un precio ridículo en una tienda de artículos de deporte que iba a cerrar.  Realmente fue una ganga.

Así que, si estás buscando una máquina para ejercitarte -que no sea la tradicional bicicleta- considera la máquina de remo. 

Aquí comparto algunos de sus beneficios:

  • Es una máquina cardiovascular, por lo que quemas calorías, inclusive más que con la elíptica. Algunas fuentes señalan, que dependiendo de factores como la velocidad y la resistencia que le pongas, podrías quemar hasta 400 calorías en media hora. ¡Nada mal!
  • Trabaja diversas áreas como la espalda superior, tríceps, cuádriceps, dorsales, glúteos, oblicuos y hasta los abdominales. ¡Los benditos abdominales!
  • No ejerce mucho impacto, por lo que muchas personas pueden utilizarla, pues no causa gran daño a las articulaciones.
  • Te ayuda a mejorar la coordinación, pues para un mejor desempeño debes coordinar los movimientos de tus brazos y tus piernas.

Suena todo maravilloso, pero como toda rutina de ejercicios requiere compromiso. 

No olvides orientarte sobre el uso apropiado de la máquina de remo, de modo que lo hagas de una forma segura y efectiva.

Dale…voy a ti.

Todos los senos son iguales

Diseño sin títuloHace unos años me encontré en un diminuto salón con cuatro extrañas.  Nuca antes nos habíamos visto.  Sin embargo, ese día estábamos forzadas a no tener ropa, sino una simple bata de papel, por la que el frío se colaba.  Pero el temblor no era solo por el frío, sino por los nervios.

Ellas y yo esperábamos a que el radiólogo marcara con una aguja el lugar exacto donde el cirujano oncólogo debía hacer la biopsia de seno.  Todas vivíamos la incertidumbre de saber si lo que los estudios preliminares mostraban, era cáncer.

No recuerdo sus nombres, pero para facilitar la historia usaré nombres ficticios.

Allí estaba Sandra, una mujer de unos 45 años, miembro del ejército, de carácter fuerte.  Sandra decía que, si en efecto tenía cáncer y tuvieran que hacerle una mastectomía, jamás se haría una reconstrucción del seno, sino que se tatuaría una mariposa en el pecho.  Decía que esa sería la mejor cicatriz de guerra que podría tener.

A mí lado derecho estaba Vanessa; una chica aferrada a la fe cristiana, pero irónicamente la más asustada de todas.  Hacía unos días había sentido algo raro entre la axila y el seno izquierdo.  El médico le certificó que tenía una masa y que de inmediato tenía que hacerle una biopsia en sala. Parecía que ese día a Vanessa la fe la abandonaba, pues decía estar segura de que tenía “algo malo”; esa era la expresión que usaba para evitar decir la palabra cáncer.

Sentada frente a mí, Virginia.  Una señora de unos 70 años, que lloraba mientras contaba que hacía un año había visto a su hija morir de cáncer de seno, porque cuando se lo diagnosticaron entró en negación y no quiso tratamiento.  Cuando regresó al médico, ya era muy tarde.  Ahora ella vivía el temor de correr la misma suerte.

La cuarta que me acompañaba era Mildred, una chica de unos 32 años, con un busto perfecto que se había hecho mediante cirugía hacía menos de un año.  Ahora la estética había perdido el sentido para ella.  Ya no quería tener senos perfectos, sino sanos.

Para resumirles mi historia, les cuento que Vanessa fue la primera en entrar y, al salir, nos contó que el radiólogo había llamado a su médico porque no venía ninguna masa.  Una hora después se iba con un semblante de paz y gratitud en su rostro.

Así fue como cinco perfectas extrañas -de diferentes edades y trasfondos- al cabo de tres horas nos sentíamos como si siempre hubiésemos sido amigas.  Ahí fue que concluí que todos los senos son iguales.  No se trata de tamaños, ni de copas.  Todas somos mujeres, aferradas a la vida.

Volví a ver a Sandra y, por la forma en que le quedaba la ropa, supongo que le hicieron la mastectomía.  No me atreví a preguntarle si se haría el tatuaje.

Con Mildred coincidí en la cita de seguimiento.  Parecía no importarle que la cicatriz de la biopsia había quedado expuesta en su escote.  Las prioridades para ella habían cambiado.

Yo afortunadamente solo fue diagnosticada con hiperplasia, una condición que, si no se maneja a tiempo, puede concluir en cáncer, pero que gracias a Dios se pudo detectar.  Eso, a pesar de que irresponsablemente hacía tres años que no me hacía la mamografía por la dichosa excusa de falta de tiempo.

No sé si sabías que en algunos casos el cáncer puede prevenirse.  Yo tampoco lo sabía hasta ese momento.  Con solo una píldora algunas mujeres  pueden frenarlo.

Por eso te invito a que te hagas la mamografía, pues la detección temprana puede hacer la diferencia.  No dejes pasar ni un día más.  Si no estás sana, no habrá energía para hacer lo demás.

Tres años después de esta historia, esta es mi filosofía:  vivir cada día, no como si fuera el último, sino como si fuera el primero de tu vida.

Nos fuimos de brunch

Ir de brunch se ha puesto de moda y cada día son más los que aprovechan los sábados y domingos para compartirlo con amigos o familiares.

Sin embargo, el concepto no es nuevo.  Cualquiera que se haya levantado tarde después de una noche intensa, lo habrá consumido hasta en su casa.  Y es que, el concepto brunch surge de la combinación de las palabras breakfast y lunch, lo que implica que es una comida que disfrutas entre la hora del desayuno y la del almuerzo.

El hecho de que esté de moda, se debe al simple hecho de que los restaurantes en Puerto Rico están mercadeando esta oferta para atraer público y hay que reconocer que es una excelente idea.

He visitado algunos lugares que ofrecen brunch, como Blonda, Mango´s, Caficultura, Bottles y Abracadabra.  Pero tenemos un “new kid on the block” y se llama Híjole.

Para los que no lo conocen, Híjole es un restaurante mexicano que abrió sus puertas hace unos meses (en el local que antes ubicaba Pan Comido) en la Marginal Acuarela de la Avenida Martínez Nadal en Guaynabo.

Ya sé que están pensando: ¿mexicano?   Sí, pero tranquilas, que no incluye tamales ni burritos.  Los sábados y domingos de 9:00 a.m. a 3:00 p.m., Híjole transforma su oferta para ofrecer los platos que usualmente consumimos en el brunch.  El sabor es exquisito y las porciones bieeeen generosas.

Ayer fui con un grupo de amigas y la pasamos espectacular.  Una de las especialidades son las mimosas de diferentes sabores como parcha, china, acerola y margarita.  El costo por copa es de $7, pero por una tarifa de $22 puedes tomarte todas las copas que quieras.  Ojalá hicieren la misma oferta con el café.

Así que, si eres amante del brunch, ya sabes que tienes otra opción que explorar.  Bon appetit.