Cuando los padres se convierten en hijos

SeniorsSiempre he dicho que en la vida no nos preparan para muchas etapas, como por ejemplo el matrimonio o la maternidad.  Pero hoy me doy cuenta de que tampoco nos preparan para ser hijas.  Específicamente me refiero a ser hijas de padres de edad avanzada.

Has dedicado dos o tres décadas de tu vida criando a tus hijos y justo cuando piensas que porque ya han crecido, ahora es tu momento para descansar y dedicarte tiempo, te das cuenta de que la vida te trae “nuevos hijos”: tus padres.  Esos que cuidaron de ti, ahora necesitan de tus cuidados.

Entonces la agenda se complica. Las citas médicas comienzan a ser más frecuentes.  Llegas a las 7 de la mañana pensando que harán el primer turno y te encuentras con listas pegadas en la puerta o gente acampando desde antes de que salga el sol.  La espera es angustiosa y tener que soportar ver novelas o Pégate al mediodía, es mucho peor.

Anualmente, al menos se da una hospitalización. Romper noche en la silla de visitas es una tortura china, que solo compara con las constantes interrupciones de las enfermeras para sacar sangre o tomar la presión.

Por otra parte, están las mil y una diligencias. Llamar a la compañía de cable o ir a pelear la factura de luz.  Todas ellas acompañadas de una dosis de mal humor.  “Como no me solucionen el problema, te digo desde ahora que les cancelo el contrato”.  Inhalas…exhalas…como si tuviese yo la culpa o fuese la dueña de la compañía de cable TV.

La parte emocional no se queda atrás. Te da pena que estén solos, así que sacrificas ese único día libre que tienes para llevarlos al cine o a pasear. 

Y así pasan los días y semanas, pero a diferencia de cuando crías a tus hijos que, según pasa el tiempo se reducen tus responsabilidades, con los “nuevos hijos”, que son tus padres, las responsabilidades aumentan.

No quisiera que me juzguen mal.  Desahogarme no implica que me moleste hacerlo. Solo que reconozco que a veces es fuerte y no lo veía venir.

Pero cuando pienso en todo lo que hicieron ellos por mí; sus sacrificios, sus noches de desvelo y su ayuda incondicional, me doy cuenta de que una vida no será suficiente para reciprocarles y que el día que ya no estén, echaré de menos hasta sus peleas.

La vida sigue avanzando y algún día me convertiré en la “nueva hija”… de mis hijos.