¿Me la hago o no me la hago?

Foto cirugi plasticaEl reloj de la vida sigue su curso.  Ya no tienes la figura que tenías hace 15 ó 20 años.  Los chichitos se asoman por la ropa, la piel no tiene la misma flacidez, aparecieron las canas y las temibles arrugas.

Cuando vas a actividades con amigos o familiares eres obsesiva con aprobar las fotos, antes de que las suban a Instagram y a Facebook, porque no quieres que vean una imagen de como verdaderamente eres, sino una en la que te veas flaca y por lo menos 10 años menor. Ahhh, te ríes, porque sabes que es cierto

Sí, lo confieso.  He vivido estas historias.  Después de todo, todas somos víctimas de la presión de que alguien nos encuentre en la calle y nos diga: ¿Tú como que has echado unas libritas?, Oye, estás comiendo bueno, y la peor ¿Estás embarazada?  ¡Impertinentes!

También nos preocupa mantener la atención de la pareja y si tienes la mala suerte -afortunadamente hoy no es mi caso-  de tener un marido o compañero que vive obsesionado con que no pruebes los postres y vayas al gimnasio todos los días, la carga es aún mayor.

Y así es como un buen día llega la pregunta a tu mente: ¿me la hago o no me la hago?  Esa cirugía que promete reducir tu abdomen, eliminar la papada o ayudar a tus boobies a resistir la fuerza de gravedad.  Esa que te cuesta par de miles, pero crees que devolverá la sonrisa a tu cara, atraerá otra vez la mirada de él y despertará la envidia de tus amigas.

Y no tiene que ver solo con los años y con el peso.  Tengo amigas en los bajos 30, delgadas y bellas, que ven defectos que no tienen y son las primeras en sacar la cita con el cirujano para evaluación.

Pues sabes, qué. No hay mayor muestra de debilidad y baja autoestima, que sentirnos menos por no ser perfectas.

No te digo que no te hagas cirugías.  Después de todo, es una decisión muy personal. Confieso que luego de mi segundo embarazo subí de talla 6 a talla 14 y me hice una abdominoplastia.  Admito que realmente se sentía fabuloso ponerme vestidos entallados y el bikini otra vez.  Pero…. con el tiempo te das cuenta de que tu valor no lo define el tamaño, ni las miradas de otros, sino lo feliz que llegas a sentirte cuanto te amas tal y cual eres. Esa seguridad y confianza que llega a notarse más que tus libras y te hacen más atractiva que cualquier bisturí.

Conozco personas con varias cirugías, botox y figuras de Mailivú Barbie, pero infelices porque nunca logran estar conformes consigo mismas.  Por el contrario, tengo amigas de size Plus con personalidades arrolladoras; de esas que mandan y van, porque nada las detiene.

Así que la respuesta a ¿me la hago o no me la hago?, solo la sabes tú.  Que sea un sí, porque así tú lo quieres, no un sí para complacer a los demás.  Que sea un sí, que no transforme tu esencia, sino que complemente el extraordinario ser humano que puedes llegar a ser.

Al fin y al cabo, al partir de este mundo, a nadie se le recuerda por su peso, sino por el peso que tuvo su vida en la de los demás.