El “sexo débil” que siempre fue fuerte

Hoy en los medios y en las redes sociales es noticia el nombramiento de dos mujeres para liderar la Policía de Puerto Rico y el Departamento de Justicia.  Independientemente de ideologías o preferencias políticas, yo soy una de las que se ha unido al coro de voces que están de fiesta.

Pero, qué pena que tengamos que celebrarlo.  Me refiero al hecho de que lo que se festeja no es necesariamente el mérito de los nombramientos, sino la excepción a la norma. Dos mujeres capitaneando en campos que siempre eran vedados para nosotras y reservado para los hombres.

Y como en muchos ámbitos, queda mucho por hacer, pues los ejemplos saltan ala vita.  Países que nunca han tenido una mujer presidenta, hombres que dirigen equipos deportivos de mujeres, pero ausencia de mujeres dirigiendo equipos de hombre y culturas en las que la mujer es considerada un objeto o una pertenencia, son solo ejemplos.

El sexo débil.  Así nos han llamado por generaciones.

La culpa es de todos.  Hombre y mujeres que hemos fallado en la crianza, de los estereotipos que fomentan los medios de comunicación, de la falta de valentía de muchas que no exigen respeto y de las leyes que no garantizan igualdad.

Justamente hace dos días compartía con mis estudiantes en la UPR un vídeo de una campaña exitosa campaña de la marca Always. Hoy creo que es una valiosa herramienta para ejemplificar de lo que hablo y aquí lo comparto.

Claro que tenemos que probarnos, pero no por el hecho de ser mujeres. Al igual que los hombres, probemos nuestras capacidades profesionales y nuestra calidad humana. Demostremos que siempre fuimos un sexo fuerte.

 

 

El verdadero poder

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Mientras leía un artículo en línea de la revista Forbes México, titulado Las 100 Mujeres más Poderosas del Mundo, trataba de encontrar el vínculo entre todas ellas.  Encabezada por la canciller alemana Ángela Merker y seguida por la ex candidata presidencial Hillary Clinton, la lista incluía empresarias, dignatarias gubernamentales y altas ejecutivas.  Según el artículo, la selección se basó en dinero, ventas, presencia en los medios, influencia y éxito en realizar cambios

Sin dudas, todos ellas son admirables, no por los recursos ni las posiciones que ocupan, sino porque se han abierto camino -algunas en campos dominados por hombres- han elevado su voz, y han propuesto soluciones.

Sin embargo, la lista se queda corta o más bien no coincidió con mi definición de lo que es una mujer poderosa.

Me hubiera gustado ver en la lista a la joven Malala Yousafsai, quien ganó el Premio Nobel de la Paz en el 2014 -con tan solo 17 años- por su activismo en pro de los derechos humanos y en especial de las mujeres. También esperaba ver a Ingrid Newkirk, presidenta de la organización dedicada a la protección de animales más grande del mundo.

Pero ¿por qué ir tan lejos?  En Puerto Rico, cerca de mí, en mi círculo de amigas y conocidas hay mujeres de gran valía.  De esas que de verdad son poderosas.  Como Yadira Pizarro, Directora Ejecutiva de ESCAPE, que se ha dedicado a la protección de los niños mediante la prevención del maltrato infantil; Annie Rivera Moreno y Miriam Solainne, eternas defensoras de los animales; Lilly García y la Dra. Mercedes Rodríguez, quienes con sus palabras sabias lograr motivar y empoderar a la gente; mi hermana Brenda Martínez, líder de las personas de pequeña estatura, que ha llevado una campaña continua en pro del trato igual y la eliminación de las barreras arquitectónicas; Lourdes Burgos, VP de Comunicaciones del Concilio Boy Scouts de Puerto Rico, que con su trabajo ayuda a formar niños y jóvenes de bien para nuestro país; Vivian Arthur, VP de MMM, quien con su labor está llevando a otro nivel la responsabilidad social de las empresas; Zoraida Nelly Torres, Abigail Marrero, Virgen Rodríguez, y Juliette Rojas, ángeles que calladamente velan por atender las necesidades de sus hermanos y Keyla Hernández, quien se ha convertido en ejemplo de la mujer que lucha con temple ante la adversidad.

En fin, que la lista es larga y mis palabras se quedan cortas. Todas ustedes debieron aparecer en la lista de Forbes.  De igual forma, tantas y tantas mujeres fajonas y luchadoras.

Con nuestra fuerza y capacidad, cada una de nosotras es una mujer poderosa. Nunca lo pongas en duda.

“No esperes que llegue un líder; hazlo tú misma, persona a persona.  Sé fiel a las cosas pequeñas, pues en ellas reside tu fuerza”, Madre Teresa.

Amor de lejos…

long-distance-loveUna de nuestras amigas de Revuelo me invitó a que escribiera sobre el tema amor de lejos…  Por favor, nadie complete la frase, pues son muchos los factores a considerar antes de concluir que es o no posible mantener una relación a distancia.

La situación del País ha provocado el éxodo de muchas familias, que se van unidas para buscar un mejor futuro.  Pero esos, no son los únicos casos.  Cada vez con más frecuencia escucho que una pareja decidió mudarse temporeramente a Estados Unidos u otro país para buscar trabajo, mientras el otro se queda en la Isla a cargo de sus hijos.

Esa puede ser una opción para muchas parejas y el final de la relación para otras.

Conozco una mujer madura que tiene su pareja desde hace 20 años.  No han querido casarse, ni vivir juntos.  Sencillamente son eternamente novios y eso les funciona.  Claro, no puede compararse con un traslado al exterior pues, en el peor de casos, si ambos viven en puerto Rico, no les toma ni dos horas encontrase para estar juntos. Pero que tu pareja se mude a otro país, son otros veinte pesos.

Creo que el factor más sensitivo es la fidelidad y la confianza.  No saber qué lugares o personas frecuenta, cuál es su nuevo estilo de vida y cómo maneja el sentimiento de soledad, puede ser una tortura para cualquiera. 

Por otra parte, si manejas la situación con madurez, la distancia puede presentar muchas ventajas.  Por ejemplo:  tienen tiempo para cada uno, se van a extrañar y probablemente a valorar más y los reencuentros pueden ser bien emocionantes, devolviendo la chipa a la relación.

No creo que haya una respuesta única.  Lo que le funciona a una pareja, no necesariamente le funciona a otra.

A esa amiga de Revuelo que quiso saber mi opinión, le doy mi apreciación.

Si ustedes son una familia con hijos y no hay otra opción que no sea que tu esposo se traslade, por supuesto que deben intentar que funcione. El núcleo familiar no se tira por la borda sin contemplación porque surja una prueba difícil.  Vale la pena intentarlo.

No obstante, establezcan las reglas del juego, como, por ejemplo: por cuánto tiempo será, cada cuánto tiempo van a viajar para verse, cómo será su comunicación diaria, la importancia de que ambos ayuden al sustento del hogar en el que permanecen los hijos, las expectativas de mantener el respeto y la fidelidad.

Pero solamente tú sabes lo que grita tu instinto y tu corazón.

Si deciden hacerlo, mantengan una comunicación bien sincera.  Si en algún momento deja de funcionar para alguno de los dos, no dejen que la situación se salga de control.  Hablen a tiempo, reevalúen y decidan.

Le formulé la misma pregunta a un grupo de amigas y comparto el video con ustedes:

Ellas opinan sobre el amor de lejos.

Un voto contra el machismo

xHoy acudí a mi centro de votación.  Algo que he hecho sin fallar en todos los comicios desde hace 30 años, pues creo que uno nunca cede sus derechos y porque este es uno de los pocos que también es un deber.  Pero no voy a hablarles sobre política, sino sobre machismo.  Bueno…no sé cuál de los dos es peor.  Pero aquí voy….

Después de caminar varios minutos hacia la escuela, encuentro un poco de tumulto, pues uno de los candidatos a la gobernación llegaba a votar.  En el pasillo habíamos un grupo de mujeres tratando de abrirnos paso para llegar hasta la puerta de nuestro colegio.  Este “caballero” de unos 65 años y con deseos de llamar la atención y hacerse el gracioso, dice en voz alta “déjenlas pasar, que ahí van las indecisas”.  Los que me conocen saben de mi carácter: suave en respuesta al respeto, pero temible cuando me siento atacada o se me trata de colocar en una posición indigna.

Lo escucho, freno, volteo y le digo: “mi única indecisión es cuál de las cosas que estoy pensando de usted es la correcta”.  ¡Boom!

Ya sé, muchos pensarán que lo debí haber ignorado, que esas cosas no se contestan.  Lo que pasa es que uno de esos males que despierta mi lado “temible” es el machismo y ya estoy bastante crecidita para tolerarlo.

Su argumento no era lo peor.  No dudo que haya muchas personas -hombres y mujeres- que lleguen hasta la caseta de votación sin estar decididos por quién van a votar.  Lo que más me molestó fue su tono de superioridad y burla, que transmitía su opinión sobre las mujeres, incluyendo la que tenía a su lado y parecía ser su esposa.

El machismo es una plaga, que todos y todas tenemos el deber de aniquilar.  Jefes o clientes que dan órdenes a las mujeres como si fueran sus sirvientas, familiares que señalan a la mujer (no al hombre) porque decide hacer un balance entre su faceta profesional y la de madre, reuniones de amigos en las que las mujeres tienen que hacer malabares para que su opinión se escuche, pues las voces masculinas parecerían confabular para acallarlas, esposos que se sienten dueños de sus parejas al punto de decidir si estas deben o no seguir viviendo, explotación del cuerpo y la sensualidad de la mujer en los medios y hasta trato desigual en la compensación económica para las mujeres.  Los ejemplos son infinitos.

Y no me vengan con el cuento de que así los criaron las propias mujeres.  Cierto que muchas, son nuestras peores enemigas, pero el trato justo y digno al ser humano -independientemente de su género- es una responsabilidad individual.

Pero si por miedo, sentido de inferioridad, o ignorancia la mujer lo tolera, eso sí es un problema. Y esto lo digo sin temor de que me tilden de feminista, porque en efecto lo soy.  Hasta la desvirtualización de esa palabra hemos permitido.

Ya basta. No nos fijemos tanto en la forma, sino en la esencia. Tenemos que darnos a respetar y respetar por igual a los demás.

!Ya llega Navidad! Ponte a remar.

Ya se acerca la época navideña y con ella, la preocupación por las libras que suelo aumentar. Es que, ¿quién le dice que no al coquito, el pernil y los pasteles?

Así que estoy decidida.  A partir de mañana retomo mi rutina de ejercicios -que había abandonado gracias a un excelente repertorio de excusas- y me comprometo a continuarla durante las navidades.  De esa forma, si bien no bajo, tampoco aumento. 

Pero como tengo poco tiempo, pienso hacer los ejercicios en casa con una máquina maravillosa que descubrí hace unos meses.

Tan pronto entré al gimnasio, la vi y me entusiasmó la idea de que mi entrenadora la incluyera como parte de la rutina del día.  Y así fue.  Al poco rato estaba sentada sobre la máquina de remo.

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Mientras aprendía cómo usarla, lo que de hecho es bien fácil, la entrenadora me explicaba los múltiples beneficios de usar esta máquina. Según me contó, no solo te ayuda a tonificar la espalda y brazos, si no muchas otras áreas del cuerpo.

Tan pronto terminé entré a Google, busqué más información y vi algunos videos.  La conclusión fue: “!!!Yo quiero una!!!”

Tuve la suerte de conseguir una de estas máquinas a un precio ridículo en una tienda de artículos de deporte que iba a cerrar.  Realmente fue una ganga.

Así que, si estás buscando una máquina para ejercitarte -que no sea la tradicional bicicleta- considera la máquina de remo. 

Aquí comparto algunos de sus beneficios:

  • Es una máquina cardiovascular, por lo que quemas calorías, inclusive más que con la elíptica. Algunas fuentes señalan, que dependiendo de factores como la velocidad y la resistencia que le pongas, podrías quemar hasta 400 calorías en media hora. ¡Nada mal!
  • Trabaja diversas áreas como la espalda superior, tríceps, cuádriceps, dorsales, glúteos, oblicuos y hasta los abdominales. ¡Los benditos abdominales!
  • No ejerce mucho impacto, por lo que muchas personas pueden utilizarla, pues no causa gran daño a las articulaciones.
  • Te ayuda a mejorar la coordinación, pues para un mejor desempeño debes coordinar los movimientos de tus brazos y tus piernas.

Suena todo maravilloso, pero como toda rutina de ejercicios requiere compromiso. 

No olvides orientarte sobre el uso apropiado de la máquina de remo, de modo que lo hagas de una forma segura y efectiva.

Dale…voy a ti.

Todos los senos son iguales

Diseño sin títuloHace unos años me encontré en un diminuto salón con cuatro extrañas.  Nuca antes nos habíamos visto.  Sin embargo, ese día estábamos forzadas a no tener ropa, sino una simple bata de papel, por la que el frío se colaba.  Pero el temblor no era solo por el frío, sino por los nervios.

Ellas y yo esperábamos a que el radiólogo marcara con una aguja el lugar exacto donde el cirujano oncólogo debía hacer la biopsia de seno.  Todas vivíamos la incertidumbre de saber si lo que los estudios preliminares mostraban, era cáncer.

No recuerdo sus nombres, pero para facilitar la historia usaré nombres ficticios.

Allí estaba Sandra, una mujer de unos 45 años, miembro del ejército, de carácter fuerte.  Sandra decía que, si en efecto tenía cáncer y tuvieran que hacerle una mastectomía, jamás se haría una reconstrucción del seno, sino que se tatuaría una mariposa en el pecho.  Decía que esa sería la mejor cicatriz de guerra que podría tener.

A mí lado derecho estaba Vanessa; una chica aferrada a la fe cristiana, pero irónicamente la más asustada de todas.  Hacía unos días había sentido algo raro entre la axila y el seno izquierdo.  El médico le certificó que tenía una masa y que de inmediato tenía que hacerle una biopsia en sala. Parecía que ese día a Vanessa la fe la abandonaba, pues decía estar segura de que tenía “algo malo”; esa era la expresión que usaba para evitar decir la palabra cáncer.

Sentada frente a mí, Virginia.  Una señora de unos 70 años, que lloraba mientras contaba que hacía un año había visto a su hija morir de cáncer de seno, porque cuando se lo diagnosticaron entró en negación y no quiso tratamiento.  Cuando regresó al médico, ya era muy tarde.  Ahora ella vivía el temor de correr la misma suerte.

La cuarta que me acompañaba era Mildred, una chica de unos 32 años, con un busto perfecto que se había hecho mediante cirugía hacía menos de un año.  Ahora la estética había perdido el sentido para ella.  Ya no quería tener senos perfectos, sino sanos.

Para resumirles mi historia, les cuento que Vanessa fue la primera en entrar y, al salir, nos contó que el radiólogo había llamado a su médico porque no venía ninguna masa.  Una hora después se iba con un semblante de paz y gratitud en su rostro.

Así fue como cinco perfectas extrañas -de diferentes edades y trasfondos- al cabo de tres horas nos sentíamos como si siempre hubiésemos sido amigas.  Ahí fue que concluí que todos los senos son iguales.  No se trata de tamaños, ni de copas.  Todas somos mujeres, aferradas a la vida.

Volví a ver a Sandra y, por la forma en que le quedaba la ropa, supongo que le hicieron la mastectomía.  No me atreví a preguntarle si se haría el tatuaje.

Con Mildred coincidí en la cita de seguimiento.  Parecía no importarle que la cicatriz de la biopsia había quedado expuesta en su escote.  Las prioridades para ella habían cambiado.

Yo afortunadamente solo fue diagnosticada con hiperplasia, una condición que, si no se maneja a tiempo, puede concluir en cáncer, pero que gracias a Dios se pudo detectar.  Eso, a pesar de que irresponsablemente hacía tres años que no me hacía la mamografía por la dichosa excusa de falta de tiempo.

No sé si sabías que en algunos casos el cáncer puede prevenirse.  Yo tampoco lo sabía hasta ese momento.  Con solo una píldora algunas mujeres  pueden frenarlo.

Por eso te invito a que te hagas la mamografía, pues la detección temprana puede hacer la diferencia.  No dejes pasar ni un día más.  Si no estás sana, no habrá energía para hacer lo demás.

Tres años después de esta historia, esta es mi filosofía:  vivir cada día, no como si fuera el último, sino como si fuera el primero de tu vida.