Culpable hasta en la ducha

20161022_131201Es sábado.  Entro a la ducha con mucha prisa.  De momento me doy cuenta de que estoy sola.  Por primera vez en muchos meses no me traje trabajo de la oficina, la casa está limpia, no hay nada puesto en la estufa que se pueda quemar, no espero visitas.

Wow!!!! Al fin tengo tiempo para mí.

¿Y por qué me siento tan culpable?  ¿Por qué me esfuerzo en pensar en algo urgente que deba hacer, que sea más importante que disfrutarme el baño?

¿Sabes qué? Me di cuenta de que las mujeres estamos adaptadas a ocuparnos de todo, excepto de nosotras mismas.  El proyecto de los nenes, las tareas del hogar, los conflictos en la oficina, las expectativas de los patronos o los clientes, las necesidades de los padres…todo.  Mientras tanto, las raíces de tu pelo que piden a gritos un tinte, la mamografía que no te haces desde hace tres años, el certificado de masaje que nunca tuviste tiempo para usar, el brunch entre amigas al que no pudiste llegar, el libro en la mesita de noche que no has terminado y la serie de Netflix que nunca has podido empezar.

Todo esto lo reflexioné debajo de la ducha, cuando comencé a conectarme con mis cinco sentidos. El sonido del agua, el olor de jabón, la espuma del shampoo… Acepto que me sentí como en un anuncio de televisión.  Sí, como aquél en que la chica al final decía: Yes, Yes, Yes…

Y SÍ.  Quiero repetirlo.  Quiero sacar tiempo para mí, para disfrutar los pequeños placeres que le dan sentido a la vida. Quiero disfrutarme el baño todos los día.

¿Y tú? Anímate. ¿Para cuándo lo vas a dejar?

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